En días recientes ha circulado por las redes un estudio de Raymundo Campos (El Colegio de México) acerca del color de piel que distingue a las y los candidatos de los diferentes partidos políticos que participarán en las próximas elecciones del 6 de junio en México. En los resultados se observa, como era de esperarse, un predominio de aspirantes a cargos públicos con piel de tez blanca. Este ejercicio comparativo se convirtió en tendencia en las redes gracias a la difusión dada por la periodista Viridiana Ríos, y las opiniones al respecto tuvieron alcances bastante diversos.
Hay quienes consideraron que la difusión del estudio se hizo con fines electorales y afectar con ello el desarrollo de la próxima contienda. Algunos más, por increíble que parezca, afirmaron que México no era un país racista porque entre sus presidentes había al menos un par que tenía raíces indígenas. Otros más argumentaron que México tiene una sociedad mestiza, producto de la unión de dos culturas, la europea y la americana. Alguna académica de la Máxima Casa de Estudios mexicana explicó que Malintzin se había enamorado de Cortés, y con más razón había que descartar la existencia de racismo en una sociedad mestizada a raíz de un romance.
Finalmente, personajes como la conductora de televisión Gabriela Platas, afirmaron que la gente que está descontenta con su color de piel era quien difundía y aplaudía tales estudios; es decir, porque rechazaban su tez. Un porcentaje de personas, claramente menor, defendía el estudio difundido por Ríos y cuestionaba la falacia antirracista mexicana.
No es la primera vez que estos planteamientos se hacen públicos. En un estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) en 2017, los resultados indicaron que existe una relación directa entre el color de piel con el nivel de estudios y las oportunidades de crecimiento; entre más clara es la piel, mayores son los estudios y mejores los trabajos, Es decir, la apariencia física ejerce un papel fundamental en la poca movilidad social de los mexicanos con un tono de piel más oscura.
Omitir el problema y obviarlo no significa que no exista. Más aún, el no verse afectado por discriminación derivada del color de piel tampoco sugiere que sea un asunto menos importante. La situación tampoco es nueva y más bien se trata de un mal estructural que difícilmente puede solucionarse de un momento a otro. Es un problema que rebasa las generaciones y en el pasado tenemos ejemplos diversos en que los individuos, al salirse de los cánones físicos aceptados, eran descartados para una profesión y oficio.
No importa que estos estudios se vuelvan tendencia y causen molestia de un sector para nada minúsculo. Al fin de cuentas ese es el objetivo.





