La tarde de ayer miércoles se dio a conocer un mensaje de parte de Santiago Abascal, presidente del ultraderechista partido español Vox. En su intervención, el también diputado señaló con beneplácito el inicio de los trabajos de la Primera Cumbre del Grupo de Acción Política Iberoamericana ECR-EuroLat, en Bruselas, Bélgica. El propósito de tal encuentro es establecer mecanismos para frenar el comunismo en España y Latinoamérica.
El discurso pronunciado por Abascal, cargado de adjetivos para el comunismo como “peste totalitaria”, “lacra”, “bestia”, “horda totalitaria” o simplemente “peste”, pretende convencer que América está cayendo ante las “dictaduras narcocomunistas y terroristas”. El político español señaló también que el comunismo se había asentado en Cuba, Venezuela, Argentina “y tantos otros países ricos”, mientras que “otros que están por caer” como Chile y Colombia necesitan ser rescatados.
Llama la atención que Abascal no señalara el caso mexicano como un ejemplo de país donde el comunismo ya empezaba a echar raíces, pues habrá que recordar que en las pasadas elecciones intermedias del 6 de junio, la propaganda de la oposición conforme se acercaba la jornada electoral consistía en convencer al electorado de que un voto anulado, no útil, o simplemente la indiferencia, llevaría a México al autoritarismo y a una dictadura comunista. El mismo discurso de Frente Nacional Anti-AMLO (FRENAAA) que, extrañamente, guardó silencio en las últimas semanas, o al menos ya no tuvo una intervención tan notoria.
También llama la atención que Abascal no mencionara en su discurso a Perú, quien en unas elecciones cerradas dio por ganador a Pedro Castillo Terrones, del partido Perú Libre, a quien también se le criticó de sus intenciones de llevar al país al comunismo. También sorprendió que no hiciera mención del caso boliviano, donde Luis Arce Catacora, del partido Movimiento al Socialismo, tomó la presidencia con una marcada ventaja en noviembre del año pasado.
Aunque Abascal no lo haya mencionado, no hay que ser tan ilusos para pensar que los casos peruano, boliviano y mexicano no sean tratados en aquella cumbre anticomunista. Dos reflexiones que vale la pena referir: en México no existe el comunismo y el socialismo jamás existió, ni aun en la época cardenista donde se ha tomado como referente la llamada “educación socialista”.
La segunda reflexión es que una idea equivocada del socialismo y el comunismo ha llevado a estos políticos ultraderechistas a querer convencer a la población de que su estabilidad económica, social y política se encuentran en riesgo. No pocos intelectuales secundan este posicionamiento; y a no pocos de ellos, estudiosos de las ciencias sociales, parece que les ganan las fobias políticas dejando atrás su formación académica.
Es peligroso, a mi juicio, no la existencia del comunismo que, dicho sea de paso, es meramente una utopía. Es peligroso el poder de convencimiento que ha alcanzado esta falsa creencia, al grado de que hoy es un tema a discutir en un parlamento europeo.





