El penacho de Moctezuma: ¿un patrimonio robado?

Si el gobierno austriaco devolviera el objeto plumario, varios museos del mundo estarían “obligados” o al menos en riesgo de tener que devolver muchas piezas de sus acervos a los países de donde fueron extraídas.

El tema central de la semana fue el “penacho de Moctezuma”, un objeto de arte plumario, procedente de México, del que los historiadores saben muy poco todavía. Entre las lagunas de conocimiento que persisten sobre este objeto las principales son: ¿qué es exactamente? ¿Es un tocado? ¿Es un banderín? ¿Es algún otro tipo de accesorio corporal? ¿Fue uno de los regalos que Hernán Cortés hizo al emperador Carlos V, enviados en julio de 1519?

            Es posible que varias de las interrogantes jamás lleguen a responderse. De hecho, lo que los historiadores saben sobre ese objeto plumario corresponde a la información recabada sobre los años posteriores a su aparición en Europa. El periodo anterior continúa y seguramente continuará siendo un misterio en tanto desconozcamos otros testimonios que refieran datos sobre esta preciada pieza.

La discusión sobre su devolución a México no es nueva, pero en las últimas décadas ha estado latente. Luego de que en 2012 un equipo de expertos mexicanos y austriacos realizara restauraciones al “penacho”, la pieza fue nuevamente expuesta en el Museo de Etnología de Viena (Austria), espacio del que forma parte importante en su acervo.

En la opinión de restauradores y curadores, cualquier traslado del “penacho”, máxime si es por vía aérea o marítima, perjudicaría al objeto debido a la fragilidad con la que está constituido y a los materiales orgánicos que lo conforman. De hecho, en la exposición temporal “Aztecas”, que actualmente se presenta en la planta baja del museo, no fue colocada esta pieza plumaria, pues su traslado desde la segunda planta es riesgoso.

Ese ha sido el principal argumento que los expertos han dado para negar, ya no sólo la devolución a México sino un eventual préstamo a su país de origen. Sin embargo, existen otros elementos de igual o mayor peso que niegan un traslado del penacho. Por cierto, cabe decir que no ha salido de Viena a ningún otro país, por lo que México no es un caso especial.

Para Pierre Losson, quien ha centrado sus estudios en la cuestión de la devolución de piezas del patrimonio cultural de México, Colombia y Perú, y que en particular se ha interesado por el “penacho de Moctezuma”, la negativa de la devolución por parte de Austria también está influenciada por el temor a marcar precedente. Si el gobierno austriaco devolviera el objeto plumario, varios museos del mundo estarían “obligados” o al menos en riesgo de tener que devolver muchas piezas de sus acervos a los países de donde fueron extraídas.

            Pero en el caso mexicano me parece que el asunto particular sobre este objeto no aplica propiamente, pues como he referido al inicio de este editorial no existen certezas de que la presencia del “penacho” en Europa haya sido resultado de un saqueo; insisto, al menos no hay evidencia. Si hubiese seguridad de que Cortés lo envió en el primer navío que remitió con regalos al monarca español en 1519, cabría preguntarse si el conquistador se lo “robó” a Moctezuma o a algún otro personaje principal, o bien se trató igualmente de un regalo.

Podrían parecer minúsculas estas reflexiones, pero son fundamentales para entender la obligación moral que una gran parte de los mexicanos exige en el gobierno austriaco para la devolución del “penacho”. Ciertamente, la mayoría de los museos del mundo integran en sus acervos bienes provenientes de otros países y culturas, incluidos museos tan importantes en México como el Soumaya, el Museo Nacional del San Carlos, o el Museo Pedro Coronel (de Zacatecas), que en su exposición permanente incluye un sarcófago egipcio.

El problema es sumamente complejo, pues el “penacho” tampoco es el único objeto, proveniente de nuestro país, que pertenece al acervo de un museo, archivo o biblioteca del extranjero. Punto y aparte son la documentación de los archivos, piezas arqueológicas y obras de arte que han sido extraídos, recientemente, de manera ilegal para su venta o subasta. Desde luego que lo ideal sería que todos estos objetos estuviesen en su sitio de producción, pero al menos las piezas que ya integran las colecciones de los respectivos museos, sería pertinente que permanecieran donde ahora se encuentran.

En otra ocasión podremos hablar sobre las implicaciones de la historia patria en el enaltecimiento de estos bienes.

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