Falleció Onésimo Cepeda Silva, obispo emérito de Ecatepec, por complicaciones de covid-19. El prelado se había desempeñado, además de sus cargos eclesiásticos, como presidente del grupo financiero Banamex, director ejecutivo de Banamex Citi Group y como fundador de la casa de bolsa “Financiera Bursátil”, después conocida como Grupo Financiero Inbursa. Fue abogado por la Universidad Nacional Autónoma de México, además de haber hecho estudios en filosofía y teología en Alemania. En abril del año pasado fue presentado como precandidato a diputado en el Estado de México por el desaparecido partido Fuerza por México.
Personaje vinculado más con el poder político que con la vida espiritual. Hace algunas semanas alguien señalaba que la Iglesia no era Onésimo y tenía razón, la institución no merece ser calificada solo por el desempeño criticable de uno de sus miembros. En la parroquia o en la diócesis hay seguramente un sacerdote que tiene el visto bueno de sus feligreses. Puede haber tantos religiosos con vocación como religiosos semejantes a Onésimo Cepeda.
La vinculación de los eclesiásticos con el poder nos sorprende, pero no es nueva. Al menos desde tiempos del emperador romano Constantino, en el siglo IV de nuestra era, la Iglesia y sus miembros han estado estrechamente vinculados con el poder político. En México, durante la época colonial, el arzobispo, el cabildo de la catedral y las órdenes religiosas podían ser parte de motines que pusieran en riesgo la estabilidad política del antiguo reino de Nueva España, como sucedió en 1624.
Los clérigos de los siglos XVI al XVIII podían celebrar contratos para la explotación de minas y administrar haciendas, o ejercer presión para que el virrey o el rey se inclinaran por un lado o por otro en la toma de decisiones. Claro que en diferentes circunstancias y conforme el poder económico y político se los permitiera. Sin embargo, las influencias, los negocios y su relación con la autoridad fueron tan normales que por eso ahora nos sorprende la vida que tuvo Onésimo Cepeda.
Aunque sigue habiendo resabios de aquella época, conforme el Estado mexicano comenzó a hacerse cada vez más laico, la diferencia entre lo estrictamente gubernamental y lo espiritual se hizo más patente. Pero hay quienes como Onésimo no lo veían de esa forma, o como el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, de quien el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) determinó hace unos días que el eclesiástico violó la ley al emitir declaraciones públicas pretendiendo influir en el voto a favor de la alianza Va por México en las elecciones del año pasado.
Se fue Onésimo y, con él, quizás la Iglesia mexicana se libera de una de las caras que menos brillo le daban a la institución.





