El 7 de marzo mujeres, principalmente de la Ciudad de México, acudieron al Zócalo capitalino a dejar flores, cruces y a recordar a las ya no están vivas.
Muchos fueron los nombres que se plasmaron en el llamado “Muro de la Paz” o “Muro de la vergüenza”, historias de niñas violadas, estudiantes masacradas, la novia acosada y la esposa asesinada.
Nombres que han pasado a la historia, por la atrocidad de su muerte.
En un acto histórico, las mujeres respondieron al presidente de México, que en un hecho lamentable o acertado, decidió colocar vallas de metal alrededor de Palacio de Gobierno, para evitar la confrontación durante la marcha del 8 de marzo.
En respuesta, hubo flores, cantos, y lágrimas… Que en menos de 24 horas se convirtieron en fuego, reclamos, piedras, golpes ¡Se hicieron escuchar! ¡Ya basta! Gritaron.
Basta de feminicidios, de violaciones, bajos salarios, de una cultura machista y misógina, no solo del presidente en turno. De todos, de los azules y los tricoles.
Habrá quién condene la lucha feminista, por ser agresiva, e invadir espacios públicos, mismos que hoy en día ya lucen limpios.
Pero… Ellas, las del muro no regresan…





