Los ancestros, la Guadalupana y el Covid

El peso de una tradición es tan grande que, no pocas veces, las circunstancias ajenas no son suficiente para cambiar su rumbo. Este es parte del análisis semanal en torno al Día de Muertos y de la Virgen de Guadalupe.

¿Quién recibirá a los ancestros, que los primeros días de noviembre vendrán a reencontrarse con sus familiares aún vivos, si estarán cerrados los cementerios? Al igual que sucedió con las conmemoraciones de la Semana Santa en el pasado mes de abril, todo indica que varias celebraciones, como las de los fieles difuntos, sufrirán algunas adecuaciones a raíz de que continúan sin estar permitidas las aglomeraciones (pese a que en la realidad esto poco se cumpla).

Hasta ahora, únicamente Campeche ha transitado al semáforo verde, y aunque posiblemente Chiapas lo haga en los próximos días, la mayor parte del territorio nacional continúa en estado de alerta por la pandemia de Covid-19. Ante tales circunstancias, esta semana han circulado noticias referentes a los protocolos a seguir para las actividades relativas al “Día de Muertos” que están prontas. En el caso de Oaxaca, oficialmente fueron canceladas las celebraciones de este tipo, al menos en lo que respecta a la realización de eventos públicos masivos. 

Las instituciones gubernamentales han fijado su postura. La Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de México (COPRISEM) recomendó a los municipios mexiquenses el cierre de los cementerios; y el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell, hizo la invitación a la población a no acudir a los panteones el 1 y 2 de noviembre. Todo esto ante señales tempranas de posibles rebrotes en el número de contagios. 

Ahora bien, un caso similar es el de la conmemoración del portento de la Virgen de Guadalupe, el próximo 12 de diciembre, que evidentemente produce importantes aglomeraciones. Para esta ocasión la Arquidiócesis de México también ya hizo oficial su postura de cancelar las celebraciones del 11 y 12 de diciembre en la Basílica de Guadalupe. Según la rectoría del santuario mariano se ha instado a  las diócesis mexicanas a invitar a la población a no movilizarse y conmemorar en sus lugares de origen.

Está claro que, al menos en los tiempos recientes, no habían existido circunstancias tan apremiantes que obligaran a cancelar —o realizar bajo condiciones nuevas— celebraciones que son imprescindibles en la cosmovisión de muchos pueblos de nuestro país. Menos aun cuando se trata de conmemoraciones que forman parte de dinámicas identitarias que integran los ciclos agrícolas de varias sociedades presentes. 

El momento que hoy vivimos es una oportunidad para tender puentes. Por un lado las instancias correspondientes como las autoridades sanitarias o el episcopado mexicano han fijado de manera clara sus posiciones. Es la población quien determinará el alcance y eficacia de estas invitaciones a evitar las aglomeraciones, pues si bien no habrá misas en la Basílica de Guadalupe, no es extraño pensar que habrá quienes se movilicen para no dejar pasar una fecha tan significativa del calendario católico mexicano. 

Pero tampoco eso debe constituir motivo de crítica o burla para quienes deseen participar activamente en alguna de las actividades de este tipo. El peso de una tradición es tan grande que, no pocas veces, las circunstancias ajenas no son suficiente para cambiar su rumbo.

Veremos, pues, en las siguientes semanas, cómo las poblaciones mexicanas adecúan sus prácticas culturales a los tiempos que ahora estamos viviendo. En el pasado han sabido responder eficazmente; ante las nuevas condiciones de este año estoy seguro que no será la excepción.

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