¿Vacunas comunistas?

Generar incertidumbre o burla en épocas de riesgos sanitarios puede traer consecuencias severas.

La semana pasada, México, a través de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) dio su autorización para uso de emergencia a la vacuna cubana Abdala contra covid-19. La noticia generó una gran cantidad de reacciones, una gran parte de ellas negativas, que cuestionaron la eficacia del biológico y realizaron afirmaciones tajantes en donde aseguraban preferir recibir cualquier otro tipo de sustancia antes que una dosis de Abdala.

Lo curioso es que, proviniendo tales aseveraciones de personajes de la vida pública nacional, con amplios reflectores, comienza a transmitirse una serie de prejuicios que pueden desencadenar dudas por parte de la población mexicana, no solo en la eficacia de Abdala sino de otros biológicos que no sean Pfizer o Moderna, tal como sucedió con Astra Zeneca, Sputnik V y CanSino. Generar incertidumbre o burla en épocas de riesgos sanitarios puede traer consecuencias severas en la consecución de una pandemia como la que hoy continúa.

Mi perfil no me permite opinar sobre la eficacia de esta vacuna, pero sería conveniente analizar cuál es el peso que continúan teniendo las ideologías en el mundo y cómo estas pueden seguir nutriendo concepciones prejuiciosas sobre grupos determinados de la población, con las cuales resulta difícil comprender sus complejidades y problemas. Más allá de la situación política que persiste en Cuba, es una incongruencia juzgar la eficacia de un biológico únicamente por no compartir el régimen de gobierno del país donde se creó.

Continúa pesando en el discurso político, tanto en las figuras con alta proyección como en la sociedad misma, la creencia en la supervivencia de un comunismo que, a decir verdad, nunca existió. Por ejemplo, en las recientes elecciones presidenciales chilenas en las que salió victorioso Gabriel Boric, candidato de la oposición, proyectaron en las redes un triunfo “comunista”. Situación semejante aconteció con la llegada al poder de Pedro Castillo en la presidencia de Perú.

El peso de las ideologías, por desgracia, ha estado golpeando el avance de la vacunación contra el covid-19, pues si por un lado continúa un porcentaje alto de población sin acceso a vacunas, por otro lado, quienes pueden acceder a ellas dejarán de hacerlo si no se les aplica la que quieren. Este escenario lo hemos visto desde el año pasado y tan peligroso es quien aseguraba que las vacunas insertaban un chip (aunque suene ingenuo) como quien hoy cuestiona una vacuna por provenir de un país “comunista”.  

Habrá que esperar, mientras tanto, que hacia el segundo trimestre del año comience a llegar y aplicarse la vacuna Abdala como refuerzo, y con ello, seguramente, una buena dosis de críticas, dudas e incertidumbre que juzgarán y rechazarán un biológico desde el campo político y no del de la ciencia.

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