La Historia para entender el presente

La historia es, ante todo, una ventana para comprender las realidades del presente, más que las del pasado.

Ayer, 7 de julio, el historiador Enrique Krauze recibió en España el Premio de Historia Órdenes Españolas; un premio que según algunos historiadores como Federico Navarrete, guarda y proyecta un discurso conservador, clasista y xenofóbico. Pese a estos señalamientos que parece que poco ruido hicieron en la comunidad académica, Krauze acudió al Monasterio de El Escorial a recibir de manos de el rey, Felipe VI, su reconocimiento por su trayectoria.

Krauze no necesita presentación, es un historiador con una reconocida trayectoria académica al grado de recibir constantemente distinciones en México y el extranjero, aunque en los últimos años ha recibido serias críticas por ser íntimamente cercano al poder durante los sexenios anteriores a la administración obradorista y por sus desatinados comentarios e intervenciones en la discusión política nacional. Eso, más para mal que para bien, le han llevado a ser, en otras esferas, reconocido como un intelectual poco consciente de las amplias e incongruentes realidades del país.

Hablo como historiador. Más allá de ser o no seguidores del pensamiento de Krauze pretendo hacer énfasis en la necesidad de no olvidar que la historia es, ante todo, una ventana para comprender las realidades del presente, más que las del pasado. Sea uno historiador o no. También, ligado a lo anterior, insistir en que explicar el presente, aunque sea en actos no académicos, debe (o debería) realizarse recordando las bases teórico-metodológicas con el objeto de elaborar opiniones con un mayor criterio.

No pocas críticas de Krauze donde ocasionalmente parecen ganar las fobias o filias políticas es donde más debería predominar una consciencia histórica con el objetivo de producir análisis menos sesgados sobre la realidad del país. Es imposible no recordar aquel comentario en que el historiador comparaba al actual gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, con el político mexicano del siglo XIX Mariano Otero.

O el mote con el que calificó al actual presidente de “mesías tropical”, mismo que hasta la fecha se ha recreado con más carga política que con una verdadera consciencia de análisis. Que no se nos olvide, pues, que más allá de las preferencias políticas, tenemos, como historiadores, una responsabilidad significativa con las sociedades contemporáneas para que entiendan, no el pasado sino el presente.

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