Leer por obligación y leer por placer

La pandemia favoreció al aumento de libros leídos en los últimos años, alcanzando un promedio de 3.9 libros por persona, siendo que en el 2016 la media era de 3.8 y el año pasado de 3.7. Lee el análisis completo del historiador Luis Fernando Vivero.

El Módulo sobre Lectura (MOLEC) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer los resultados anuales sobre el promedio de lectura en México. Según los datos, la pandemia favoreció al aumento de libros leídos en los últimos años, alcanzando un promedio de 3.9 libros por persona, siendo que en el 2016 la media era de 3.8 y el año pasado de 3.7.

Según el organismo, como ha sido una constante, el número promedio de libros leídos al año aumenta de forma proporcional al nivel de escolaridad del individuo. Este dato no es menor, pues pone en relieve que un mayor acceso al conocimiento académico repercute en un mayor interés por la lectura, sea este por obligación o por gusto. Sin embargo, detrás de ello están las facilidades/posibilidades de acceder a una formación académica.

En México, donde al menos la mitad de la población se encuentra en alguno de los diferentes niveles de pobreza, no hay tiempo para leer. Se priorizan las actividades cuya paga inmediata permite el sustento propio y de familiares, por lo que se vuelve casi imposible que se dedique espacio para la lectura. Este factor, el de los libros leídos, no pocas veces se ha vuelto una especie de marcador sociocultural entre gente letrada y no letrada; por un lado, los pobres que no leen porque no quieren superarse y, por otro lado, los ricos o mejor posicionados que saben apreciar el placer de leer y apreciar un buen libro.

Esto lleva a potenciar actitudes clasistas y explicaciones vacuas sobre los orígenes de la pobreza, como asociada a un problema cultural que indica que el pobre es pobre porque quiere, porque tiene un pensamiento de pobre carece de un interés para superarse. No es ajeno que, gracias a esta postura, varios pseudo-escritores, por cierto, se han enriquecido al amparo de la venta de libros y cursos motivacionales que nada benefician a sus lectores que ven allí una forma de incrementar sus ingresos.

El incremento registrado en los últimos años en el promedio de libros leídos, aunque se asocia principalmente a la pandemia y la campaña de resguardo para disminuir los contagios, debe advertirse que seguramente se trata de una situación fortuita y difícilmente una tendencia alcista. Veremos lo que indican las mediciones siguientes.

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