Un tren de 10

El interurbano México-Toluca será un tren de 10... de 10 años en construcción. Se triplicó su costo pero no hay ninguna sospecha de corrupción en esta obra.

El presidente Andrés Manuel López Obrador literal vino a ´picar la cresta´ al gobernador Alfredo del Mazo, a la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum y desde luego a su secretaría de Comunicaciones para que ya de una vez por todas terminen el tren interurbano México-Toluca.

Y en parte tiene razón, un tren que se anunció con bombo y platillo allá por el año 2012, la magna obra sexenal de Enrique Peña Nieto que inició su construcción en el 2014 y que estaba programado para estrenarse en el año 2017, sigue en obra negra.

Inicialmente costaría 36 mil millones de pesos, pero después se dieron cuenta que hacía falta dinero, otros 30 mil millones de pesos y ahora con López Obrador se dieron más cuenta de que ha sido insuficiente y que requiere una cantidad igual. Es un tren que terminará costando a los mexicanos más de 90 mil millones de pesos.

Bien lo apuntaba en un estudio el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) que se trata de una de las obras sin planeación, con sobrecostos y sin transparencia en la aplicación de los recursos. ¿Cómo puede terminar costando tres veces más algo que supuestamente planeaste?, ¿En qué y por qué se está gastando de más?

Las dudas persisten. ¿Será realmente rentable el trenecito como para darle el impulso que se le está dando? Recordemos que la misma Secretaría de Comunicaciones y Transportes del gobierno federal reconoce que si el sobrecosto de la obra es mayor al 25 % del costo original, el proyecto deja de ser rentable, pues bien, ya tiene 200 % de sobrecosto, qué podemos interpretar.

Curiosamente aquí no se ha hablado de corrupción, de sospechosismo, de reproches al pasado como en obras de gran magnitud como lo fue el Aeropuerto de Texcoco, ¿por qué? Aquí hay un respaldo total del ejecutivo cueste lo que cueste y esos debería generar más dudas.

Por eso López Obrador pidió que se termine a finales del 2022, y no hasta el 2023, pues lo comparó con el nuevo aeropuerto Felipe Ángeles que prometió entregar el 21 de marzo de 2022. Una burla sin duda que un aeropuerto cuya construcción comenzó después se termine antes que el tren.

Y es que, de cumplirle al mandatario mexicano, el Interurbano México-Toluca se convertiría en un tren de 10, de 10 años en construcción, de una década de poca transparencia y mucho favoritismo político, pues hablamos de su antecesor Peña Nieto y del propio Del Mazo Maza a quien por cierto elogió “por aceptar caminar juntos en la transformación del Estado de México y de la nación”, y no como los de la Conago, interpretó.

Aplíquense para que esto no se convierta en otra obra de la corrupción, literal quiso decir el primer mandatario.

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